CARITAS DOBLA EL REPARTO DE ALIMENTOS POR LA CRISIS
Cáritas de Bergantiños dobla el reparto de alimentos por la crisis.Los inmigrantes sin un soporte familiar sufren las mayores penalidades.
Hasta el momento Cáritas Interparroquial de Bergantiños, la mayor y más activa de las oenegés que operan en la Costa da Morte, repartía alimentos entre los demandantes de Carballo, todos los jueves, y entre los del resto de parroquias, el primer miércoles de cada mes. Sin embargo, el recrudecimiento de la crisis económica y el aumento exponencial de la demanda ha obligado a la organización a doblar los días de entrega y prestar servicio también los lunes. Es la única manera de atender en un mínimo de condiciones a todas las personas que se acerca a la institución a por comida, aseguran los responsables.
La tarea no es precisamente sencilla porque las necesidades siempre son mayores que los recursos, con lo que hace falta una importante labor de gestión para no agotar las existencias en cuestión de días. La mayor parte de la comida procede del banco de alimentos Rías Altas de A Coruña, que acostumbra a hacer cuatro entregas al año, una cada trimestre, aunque la periodicidad no es exacta. De hecho, la primera de este año todavía no ha llegado, con lo que toca agudizar el ingenio. Esperan recibir el envío pronto, pero, tal como explica la educadora social de Cáritas, Maite Prieto, de momento están tirando con lo recaudado en el campaña de Navidad. «Es cuando se reciben la mayor parte de los alimentos y cuando, además de entregar los paquetes, aprovechamos para hacer una pequeña despensa, por decirlo así, para después estirar», explica.
Salvo en agosto, que está cerrado el servicio, y en las fechas navideñas, hacen la entrega de comida una vez al mes por familia, pero resulta insuficiente. A los usuarios habituales se han sumado ahora familias de todo tipo con necesidades inmediatas que van más allá de la comida. «Vienen con recibos básicos del alquiler, la luz o el agua que necesitan pagar ya, porque de lo contrario le cortan el suministro. El problema es que nosotros le podemos ayudar un mes pero al siguiente, como no hay trabajo ni otros ingresos, vuelven a estar en la misma situación», relata prieto que, actualmente, se está ocupando también de gestionar las ayudas de emergencia social de la Fundación Barrié, creadas precisamente para ayudar a las familias golpeadas por la crisis. Sin embargo, el reparto tampoco es sencillo y los recursos se destinan a los casos más graves.
En general, la situación es la más extrema de los últimos tiempos. El piso de acogida tiene las seis plazas cubiertas y en la bolsa de empleo ya no entra ninguna oferta, cuando hace unos años los usuarios se permitían elegir las más atractivas y las familias se presentan como el último refugio. «Esa es la diferencia respecto a las grandes ciudades. Aquí el que no tiene un pariente tiene un vecino que le echa una mano en un momento dado, pero: ¿Qué pasa con los inmigrantes sin familia aquí?», se pregunta Prieto.
Vergüenza
Una de las características que define a los actuales usuarios de Cáritas es la vergüenza que sienten por serlo. Buena parte de ellos jamás se vieron en una situación parecida y les cuesta mucho trabajo pasar por encima de su propio orgullo. «Vienen las mujeres, los hombres jamás. Ellas se ven en una situación tan extrema que ya no les queda otro recurso, pero los maridos nunca», cuenta Prieto.
«Moita xente non é capaz de superar esa vergoña. Por iso ás veces chega algunha nai que realmente vén buscar para a súa filla que o está pasando realmente mal, pero non é capaz de pedir axuda», relata la secretaria de Cáritas de Cee Rosalina Trillo, que al igual que sus compañeras de Carballo realiza auténticos equilibrios para atender a la mayor cantidad de personas posible.